Un pequeño miembro que revela el corazón
Por: Josselin Coello
No siempre el problema es lo que se dijo. A veces el problema es lo que ya estaba dentro antes de que se dijera.
La lengua no es creativa, es reveladora. No inventa el contenido, solo lo expone. Por eso puede parecer pequeña e inofensiva, hasta que en un solo momento deja ver lo que había estado oculto por mucho tiempo.
La Escritura no la trata como un detalle menor. La muestra como algo capaz de bendecir y maldecir desde la misma boca, como si en una sola persona convivieran dos corrientes que no deberían coexistir. Y eso incomoda, porque rompe cualquier ilusión de control superficial.
Porque lo que dices en el enojo, en la presión, en el cansancio, en ese instante donde ya no se filtra nada… no es accidental. Es exposición. No nace en ese momento, solo se libera.
Y por eso a veces las palabras sorprenden incluso a quien las dice.“No quise decir eso”… pero sí estaba dentro. La boca no crea lo que dice, solo deja escapar lo que el corazón ha estado sosteniendo.
Ahí es donde la lengua deja de ser un tema de “mala comunicación” y se convierte en un espejo incómodo. Porque muestra lo que no siempre quieres ver: que todavía hay cosas dentro que no han sido tratadas, rendidas o sanadas.
Puedes controlar el tono, puedes aprender a medir el lenguaje, puedes incluso perfeccionar la forma de decir las cosas, pero no puedes sostener indefinidamente un interior que sigue sin ser transformado.
Porque lo que no ha sido cambiado por dentro, tarde o temprano encuentra salida.
Y cuando sale… ya no se puede justificar como “solo palabras”. Es evidencia. Y la evidencia no se discute, se confronta.