Todo tiene su tiempo
Por: Josselin Coello
Hay verdades que no siempre consuelan de inmediato… pero sostienen con el tiempo. Porque aunque sabemos que hay procesos, muchas veces vivimos resistiéndolos, apresurando etapas o aferrándonos a temporadas que ya terminaron.
Queremos que lo bueno dure más. Que lo difícil pase rápido. Que lo que anhelamos llegue ya. Y en medio de ese intento constante por ajustar la vida a nuestra medida, nos frustramos, nos cansamos… y a veces hasta dudamos.
Pero en medio de todo eso, la Palabra nos recuerda: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.
No todo llega cuando lo queremos… pero todo llega cuando debe.
Hay tiempos de comenzar, y tiempos de soltar. Tiempos de construir, y tiempos de esperar. Tiempos de gozo… y tiempos de profundo silencio. Y aunque no todos los momentos se sienten buenos, todos cumplen un propósito que muchas veces solo entendemos después.
El problema no es el tiempo… es nuestra resistencia a él.
Nos cuesta aceptar que hay procesos que no se pueden acelerar, respuestas que no se pueden forzar, y etapas que, aunque no las entendamos, son necesarias. Porque es en esos tiempos -los que no elegimos- donde algo dentro de nosotros es formado, ordenado, transformado.
Dios no trabaja fuera del tiempo… trabaja en él.
Y aunque a veces parezca que todo está detenido, en realidad hay cosas moviéndose en lo invisible. Hay respuestas tomando forma, hay caminos preparándose, hay versiones de nosotros siendo moldeadas en silencio.
Nada está fuera de lugar.
Nada está llegando tarde.
Nada está ocurriendo sin sentido.
Todo tiene su tiempo.
Y tal vez hoy, más que intentar entenderlo todo o apresurarlo todo, lo que necesitas es descansar en esa verdad. Confiar en que el mismo Dios que puso orden en los tiempos… también sabe exactamente en qué momento colocar cada cosa en tu vida.
Porque cuando aprendes a rendirte al tiempo de Dios… dejas de vivir ansioso por lo que falta, y comienzas a vivir en paz con lo que ya tienes.