Devocional

La obediencia parcial también es desobediencia.

Por: Josselin Coello

La obediencia parcial también es desobediencia.

Hay una forma de desobedecer que no te hace sentir mal, y ese es justamente el problema. No incomoda, no acusa, no rompe nada por dentro. Al contrario, te deja tranquilo. Es una obediencia que cumple en lo visible, pero negocia en lo secreto. Hace lo suficiente para calmar la conciencia, pero no lo necesario para alinearse de verdad, y uno puede vivir así durante mucho tiempo sin cuestionarlo.

A Saúl no le faltó intención, le faltó rendición. Dios fue claro con lo que le pidió, no había espacio para interpretaciones, pero Saúl decidió obedecer a su manera. No rechazó la orden, la ajustó. Dejó lo que le parecía razonable, conservó lo que no quería perder, y cuando el profeta Samuel lo confronta, él responde como alguien que está convencido de haber hecho lo correcto. Eso es lo que lo vuelve tan serio, porque no siempre desobedecemos desde la rebeldía abierta, muchas veces lo hacemos desde una versión acomodada de obediencia que nos permite seguir en control.

La obediencia parcial no nace de ignorancia, nace de afectos divididos. Queremos hacer la voluntad de Dios, pero también queremos conservar ciertas cosas, ciertas dinámicas, ciertas seguridades. Entonces obedecemos hasta donde no nos duele demasiado. Soltamos, pero dejamos algo guardado. Perdonamos, pero no limpiamos completamente el corazón. Decimos que confiamos, pero seguimos sosteniendo lo que podemos controlar. Y a eso, muchas veces, lo llamamos proceso, cuando en realidad es resistencia.

El problema es que la obediencia no funciona por porcentajes. No se trata de cuánto hiciste, sino de si hiciste lo que Dios dijo. Porque en el momento en que decides qué parte sí y qué parte no, ya no estás obedeciendo, estás administrando la voluntad de Dios según tu propio criterio. Y eso, aunque no lo parezca, endurece el corazón, pero no de forma evidente, sino de manera progresiva. Te acostumbras a sentirte bien sin estar completamente alineado, a justificar pequeñas concesiones porque no parecen graves, a sostener áreas sin rendir mientras todo lo demás luce correcto.

Dios no pide una obediencia negociada, no porque busque exigirte sin sentido, sino porque sabe que aquello que no le entregas completamente termina teniendo un lugar que no debería en tu vida. Por eso, más que hacer más cosas, a veces lo que se necesita es detenerse y reconocer con honestidad qué parte ya fue clara delante de Dios, pero tú decidiste ajustar. No rechazar, solo acomodar.

Y ahí es donde esto se vuelve personal, porque hay cosas que no van a cambiar, no porque Dios no quiera obrar, sino porque tú sigues obedeciendo a medias. Y la obediencia a medias nunca produce una transformación completa.

16 personas les gusta

Más artículos como este

Devocional

Te planté como vid escogida…

Hay versículos que no solo confrontan… duelen. Porque no hablan desde la ira de un Dios distante, sino desde la decepción de un Dios que cuidó, s...

Devocional

Obedecer mientras llora el corazón

Obedecer la voluntad de Dios cuando no era lo que tu corazón anhelaba… es una de las formas más silenciosas de quebrarse por dentro. Porque sí, e...