La fidelidad que nos trajo hasta aquí
Por: Salomé Acosta
Hay finales que no se sienten como celebración, sino como un suspiro largo. Como una pausa necesaria para mirar atrás y reconocer que, aunque el camino no fue fácil, seguimos de pie. No por fuerza propia, no por constancia humana, no por haberlo hecho bien, sino por la fidelidad de Dios.
Seguramente en este año Dios nos enseñó cosas que no buscábamos aprender. Nos llevó por procesos que no elegimos, nos despojó de seguridades, nos hizo caminar por terrenos donde la fe tuvo que ser más que palabras, y aun así, aquí estamos. Quizás no intactos, no completos, no ilesos, pero sostenidos.
No perfectos, pero guardados. Porque Dios siempre estuvo.
Estuvo cuando las fuerzas flaquearon, cuando las oraciones fueron mudez del alma, lágrimas o susurros. Estuvo cuando el corazón se cansó, cuando preguntó más de lo que creyó... Sí, Dios estuvo, incluso cuando su silencio hizo eco en lo íntimo de nuestro ser. Estuvo allí, callado, pero fiel. Velado, oculto, intangible, pero presente.
Y hoy, al mirar atrás, debemos reconocer que no fue nuestra capacidad, ni nuestra resistencia la que nos trajo hasta aquí, fue su fidelidad.
Porque hay batallas que nadie vio, lágrimas que no se contaron, victorias que no se celebraron en voz alta, pero que sostuvieron nuestra fe.
A veces, creemos que cerrar un año significa contar logros, tachar metas o celebrar bendiciones evidentes, pero hay triunfos que no hacen ruido: Seguir creyendo, no rendirse, permanecer cuando hubiera sido más fácil retroceder.
Eso también es fe.
Eso también es obediencia.
Eso también es gracia.
Eso también es una forma de avanzar.
Remanente de Fe, hoy no solo celebres un cambio de fecha, no solo mires el calendario, mira tus pasos, examina tu corazón, consagra tu vida, para que cuando atravieses el umbral de este nuevo tiempo, puedas hacerlo con el alma desnuda, entre las manos, dispuesta siempre a honrar a su hacedor. Para que tus primicias no sean promesas vacías, ni planes apresurados, sino una vida que ya no se resiste a la voluntad de Dios. Para que esté tiempo esté marcado por la decisión inamovible de seguir caminando al ritmo de su gracia.
Remanente de Fe, no llegaste hasta aquí por tus fuerzas, sino por su fidelidad. Él te sostuvo ayer, te sostiene hoy y te sostendrá mañana. Esto no es un cierre...es el susurro de Dios recordándote que:
“Esto no ha terminado, esto recién comienza...” Que aún hay gracia por derramar, pasos por dar y una verdad por proclamar.
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Isaías 41:10
Escrito por Josselin Coello