EL ruido del alma
Por: Josselin Coello
Hay desórdenes que no se ven, pero terminan gobernándolo todo. El ruido del alma no siempre grita, pero sí invade. Se mete en tus pensamientos, distorsiona lo que sientes y altera la forma en la que interpretas lo que estás viviendo. Y sin darte cuenta, empiezas a responder desde ese ruido interno.
El salmista no lo disfraza: “¿Por qué te turbas, alma mía?” (Salmo 42:5). No es una frase bonita, es una confrontación directa. Porque hay momentos donde el problema no es la presión externa, sino el ruido interno que no ha sido silenciado. Un alma sin gobierno hace ruido… y cuando ese ruido domina, la fe empieza a perder claridad.
El problema no es solo que el alma se turbe, es que te acostumbres a vivir así. Que normalices pensamientos que no vienen de Dios. Que dejes de filtrar lo que escuchas por dentro. Porque no todo lo que suena en tu interior es verdad… pero si no lo confrontas, termina pareciéndolo.
Y ahí es donde el salmista marca la diferencia: se habla a sí mismo. No se deja arrastrar por el ruido, lo confronta. Le recuerda a su alma dónde debe estar su esperanza. Porque tu identidad no está en lo que escuchas internamente, sino en la verdad a la que decides someterte.
“Espera en Dios…” No es una emoción, es una decisión. No es que el ruido desaparezca de inmediato, pero deja de tener autoridad. Porque cuando vuelves a enfocar tu alma en Dios, lo que antes dominaba empieza a perder fuerza.
Así que la pregunta no solo es por qué te turbas… sino qué estás haciendo con ese ruido. Porque hay un punto donde no basta con identificarlo; hay que silenciarlo. Y eso sucede cuando dejas de darle espacio a lo que no viene de Dios… y decides alinear tu alma hasta que su voz vuelva a ser la más fuerte dentro de ti.
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