Discernir los tiempos es estar preparados
Por: Josselin Coello
Hay una generación obsesionada con hablar de señales, pero incómoda cuando se le habla de santidad. Se emocionan con teorías sobre los tiempos finales, pero se molestan cuando la palabra confronta el corazón. Y ahí está uno de los mayores peligros de este tiempo: querer interpretar los acontecimientos del mundo mientras se ignora el estado espiritual propio. Porque discernir los tiempos no es solo reconocer lo que pasa afuera, sino permitir que Dios revele lo que aún necesita ser tratado dentro de nosotros.
Vivimos días donde lo superficial se volvió normal. Se aplaude más la apariencia espiritual que la comunión genuina con Dios. Mucha gente aprendió a usar lenguaje cristiano, a publicar frases profundas y a aparentar firmeza, pero sin una vida rendida realmente al Señor. Y aunque eso pueda engañar a otros, jamás engañará a Dios. Los tiempos finales no solo exponen la maldad del mundo; también desenmascaran una fe cómoda, emocional y sin profundidad.
La Biblia nunca presentó el regreso de Cristo como un motivo para el espectáculo, sino para la preparación. Pero hoy algunos usan el evangelio para entretener, para ganar atención o para construir una imagen espiritual que no sostiene el peso de una vida privada. Mientras tanto, la consagración y el arrepentimiento se reemplaza por excusas. Queremos hablar de avivamiento sin pasar por quebranto. Queremos promesas sin obediencia. Queremos cielo sin cruz.
Y sí, los tiempos son difíciles. La maldad aumentó, la frialdad espiritual también, y cada vez es más evidente la confusión moral y espiritual que gobierna a muchos.
Pero lo más preocupante no es solo lo que sucede en el mundo, sino la facilidad con la que algunos creyentes se adaptan a ello. Hay personas que ya no resisten la oscuridad; simplemente aprendieron a convivir con ella sin sentirse incómodas.
Discernir los tiempos finales implica entender que no todo lo que parece espiritual viene de Dios. Implica dejar de seguir corrientes solo porque son populares. Implica aprender a permanecer firmes aunque eso incomode, aunque traiga rechazo o aunque obligue a caminar diferente al resto. Porque llegará un punto donde no bastará con conocer versículos; será necesario tener convicción, carácter y una relación verdadera con Dios para no ceder ante el engaño.
Cristo viene, sí. Pero mientras muchos discuten fechas, Dios sigue buscando corazones despiertos. Personas que no solo hablen del fin, sino que vivan de manera digna mientras esperan su regreso. Porque al final, los tiempos finales no deberían producir paranoia ni apariencia espiritual. Deberían producir una iglesia más limpia, más consciente y más rendida a Dios.