Devocional

Dios sigue siendo Dios

Por: Josselin Coello

Dios sigue siendo Dios

Hay momentos en los que la vida parece desafiar todo lo que creemos entender acerca de Dios. No cuando las cosas salen mal después de nuestras malas decisiones. Eso tiene cierta lógica para nuestra mente. Lo difícil es cuando el golpe llega en medio de la obediencia. Cuando uno mira hacia atrás y no encuentra indiferencia, ni descuido, ni rebeldía. Solo entrega. 


Entonces el corazón se queda en silencio, porque esperamos que la fidelidad produzca ciertos resultados, esperamos que después de sembrar venga la cosecha, esperamos que después de gastar nuestras fuerzas llegue el descanso.


Pero hay ocasiones en las que las circunstancias de la vida rompen nuestras expectativas y nos enfrenta a una realidad más profunda: Dios nunca prometió una vida que siempre pudiéramos entender. Prometió su presencia. Y la diferencia entre ambas cosas es inmensa.


Es entonces cuando descubrimos que la fe verdadera no se revela cuando todo está bien, se revela cuando no lo está. Y es allí donde aparece frente a nosotros una verdad que permanece intacta por encima de todas las demás:

Dios sigue siendo Dios. 


Dios sigue siendo Dios cuando las respuestas no llegan, cuando las oraciones parecen quedarse suspendidas entre el cielo y la tierra, cuando la fe no elimina las preguntas y el corazón aprende a caminar sin entender.


Dios sigue siendo Dios cuando la vida toma un rumbo que jamás habríamos elegido, cuando aquello que parecía firme se sacude, cuando descubrimos que no tenemos control sobre casi nada de lo que realmente amamos.


Dios sigue siendo Dios cuando la obediencia no parece producir los resultados que esperábamos, cuando la entrega no nos libra del dolor, cuando la fidelidad es puesta a prueba por circunstancias que no tienen sentido para nosotros.


Dios sigue siendo Dios cuando el alma se queda sin fuerzas para elaborar discursos espirituales, cuando lo único que queda es aferrarse a Él. cuando la adoración deja de ser una expresión y se convierte en una decisión.


Porque Él sigue siendo santo cuando lloramos, sigue siendo bueno cuando no vemos la salida, sigue siendo soberano cuando el mundo parece desmoronarse a nuestro alrededor. Y aunque haya momentos en los que todo parezca envuelto en incertidumbre, tenemos la esperanza de que, aun cuando todo parece moverse, hay un trono que permanece inamovible y sobre ese trono sigue estando el mismo Dios. El Dios que no pierde el control, el Dios que no tiene mudanza, ni sombra de variación. El Dios que sigue siendo Dios, aun cuando el alma no encuentra explicación.


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