Devocional

Caminando cuando el cielo calla

Por: Salomé Acosta

Caminando cuando el cielo calla

Hay etapas en la vida en las que parece que el cielo se ha cerrado.

Caminamos, oramos, esperamos… pero todo sigue igual de gris. Son esos días en los que la incertidumbre nos visita al amanecer y la fe parece temblar con el atardecer. Y aun así, Dios sigue allí, aunque no lo sintamos, aunque no lo entendamos.


A veces confundimos el silencio de Dios con ausencia, pero en realidad, su silencio también es una forma de dirección. En la oscuridad, Él no deja de guiarnos; solo cambia el lenguaje. Deja de hablar con respuestas inmediatas, para enseñarnos a escuchar con el corazón. La fe madura no en los días de claridad, sino en las noches donde no hay mapa, solo confianza.


“Tu palabra es lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino.” (Salmo 119:105)


No dice que sea un reflector que ilumina toda la ruta, sino una lámpara que muestra solo el siguiente paso. Eso nos obliga a depender, a seguir caminando aunque no veamos el final.


Hay momentos en que Dios permite la oscuridad no para castigarnos, sino para redirigirnos. Cuando todo se derrumba, muchas veces no estamos perdiendo el control, sino siendo apartados de un rumbo que no era el nuestro. Es en la neblina donde aprendemos a mirar no al horizonte, sino hacia arriba.


Dios nunca se equivoca con los tiempos. Cuando parece que nada tiene sentido, Él está trazando un propósito más grande del que imaginamos. Tal vez no veas ahora la salida, pero Él ya la preparó desde antes que comenzaras a buscarla.


Toda noche tiene un propósito, y todo amanecer llega en su hora justa. No temas si estás pasando por un tiempo de oscuridad. No es el final, es una etapa de dirección. Porque solo quien camina en tinieblas aprende a reconocer la voz de la Luz.


Permite que Dios marque el ritmo, incluso cuando no oigas música. Él no ha dejado de guiarte; simplemente está enseñándote a caminar por fe, no por vista.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo.” (Salmo 23:4)

Tal vez hoy no veas el panorama completo, pero confía: el Dios que guió a Israel con una nube de día y una columna de fuego de noche sigue siendo el mismo. Cuando no entiendas lo que hace, recuerda quién es Él. Porque incluso en los momentos más oscuros, Dios no te ha soltado… solo te está enseñando a ver con otros ojos.


A veces la dirección de Dios no brilla en medio de la tormenta, se susurra en el silencio. No siempre llega como una respuesta inmediata, sino como una paz que desciende lentamente sobre el alma y nos recuerda que, aunque no veamos el camino, el Guía sigue siendo fiel.


Escrito por Josselin Coello


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