Devocional

Amar sin perderte

Por: Josselin Coello

Amar sin perderte

Amar como Cristo suena hermoso, hasta que te toca hacerlo con alguien que hiere, que no cambia, que no pide perdón o que nunca entendió el daño que causó. Ahí es donde la frase deja de ser un versículo bonito y se convierte en una cruz diaria. Porque amar como Cristo no es amar cuando es fácil, es amar cuando duele, cuando incomoda, cuando exige morir a uno mismo sin perder la dignidad.


Muchas veces se nos enseñó -directa o indirectamente- que amar como Cristo es soportarlo todo sin límites. Pero Cristo no amó desde la pasividad, amó desde la verdad. Jesús confrontó cuando fue necesario, se alejó cuando no era su tiempo, guardó silencio cuando las palabras serían pisoteadas y se entregó solo cuando el Padre lo indicó. Amar como Cristo no es permitir abuso, es decidir no devolver mal por mal, aun cuando pongas distancia.


En las relaciones difíciles, la tentación más grande no es odiar, es endurecer el corazón. Es amar con reservas, tratar con frialdad, cobrar en silencio lo que nunca te devolvieron. Cristo, en cambio, amó sin contaminar su corazón, aunque no todos respondieron bien a su amor. Amar como Él no significa que el otro cambie, significa que tú no te transformas en algo que no eres por causa del dolor.


El amor de Cristo no anula la verdad. Jesús no maquilló la realidad para mantener relaciones. A los fariseos los confrontó, a Judas no lo persiguió, a Pedro lo restauró después del quebranto. Amar como Cristo es entender que no toda relación se sostiene, no todo vínculo se restaura y no toda cercanía es saludable. Pero aun cuando una relación no continúa, el amor de Cristo decide no envenenar el recuerdo, no hablar desde la herida, no usar la espiritualidad como arma.


Hay relaciones que desgastan más de lo que edifican. Y sí, amar como Cristo cansa, porque es un amor que nace del espíritu, no de la emoción. Por eso Jesús se retiraba a orar, por eso buscaba al Padre. Nadie puede amar así si no es constantemente lleno. No se trata de tener más paciencia, se trata de volver a la fuente.


Amar como Cristo también implica dejar de castigarte por lo que no salió bien, perdonarte por haber amado sin saber, sanar para no seguir amando desde la herida. Porque Cristo no solo amó a otros, también restauró identidades rotas. Y cuando tú sanas, amas diferente: con límites, con discernimiento, con paz.


Amar como Cristo en relaciones difíciles no siempre salvará la relación, pero siempre guardará tu corazón. Y a veces, el acto más cristiano de amor no es quedarte, sino irte sin odio, sin venganza, sin ruido. Amar como Cristo es amar sin perderte.

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