¿Qué voz estás oyendo?

Por: Administrador

¿Qué voz estás oyendo?

Enseñanza del Tercer Día

Maestro: Pr. Walter Martínez


Vivimos en una generación saturada de ruido. Las redes sociales hablan, la cultura opina, la carne exige, el enemigo susurra… pero en medio de todo, el Espíritu sigue diciendo: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7). La pregunta no es si hay voces; la pregunta es: ¿qué voz estás oyendo?

Desde el principio de la historia bíblica vemos que la voz que escuchamos determina el destino que caminamos. Lucifer escuchó su propio corazón y cayó. Eva escuchó a la serpiente y fue expulsada del Edén. Caín ignoró la voz que lo llamaba al arrepentimiento y terminó errante. Cada caída comenzó con un oído mal dirigido.

Pero también vemos el otro lado de la historia. Noé escuchó en medio de una generación corrupta y salvó a su familia. Abraham oyó el llamado y se convirtió en padre de naciones. José creyó en los sueños que Dios le dio y terminó preservando generaciones. Moisés atendió la voz en la zarza ardiente y fue transformado de pastor de ovejas en libertador de un pueblo.

La constante es clara: la voz que escuchas forma la vida que construyes.

Jesús lo afirmó con absoluta claridad:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27).

No dijo que sus ovejas oirían todas las voces; dijo que reconocerían la suya. Escuchar la voz del Buen Pastor no es un privilegio para unos pocos; es identidad de todo hijo.

Sin embargo, el peligro sigue siendo real. Podemos escuchar la voz del miedo, la voz del orgullo, la voz de la duda o la voz del corazón engañoso. Podemos hacer como Saúl, que ofrecía sacrificios pero dejó de obedecer o podemos hacer como David, que cuando fue confrontado respondió con arrepentimiento. Podemos dudar como Zacarías o rendirnos como María y decir: “Hágase conmigo conforme a tu palabra.”

Hoy el Padre nos afirma una verdad profunda: tu oído espiritual es tu destino. No puedes caminar en fe si alimentas tu mente con incredulidad. No puedes vivir en propósito si prestas atención constante a voces que te desvían del diseño original.

Dios no está buscando perfección, está buscando hijos que escuchen. Hijos que en medio del ruido sepan detenerse y decir: “Habla, Señor, que tu siervo oye.” Porque cuando aprendemos a escuchar como Cristo escuchaba al Padre, entonces Cristo es formado en nosotros.

Reflexiona : ¿qué voz está gobernando tus decisiones? ¿La del mundo, la del temor, la del orgullo… o la del Espíritu? La voz correcta no solo te guía; te transforma, te afirma y te conduce hacia el propósito eterno.

El que tiene oído, oiga.

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