Devocional

¿Discernimiento o prejuicio?

Por: Josselin Coello

¿Discernimiento o prejuicio?

Hay veces en las que no necesitamos conocer demasiado a una persona para decidir qué pensar de ella. Una mirada, una actitud, una palabra fuera de lugar y ya construimos una conclusión. Después buscamos una explicación que la sostenga y, si somos creyentes, quizá hasta le ponemos un nombre espiritual: «Lo discerní».


Pero hay algo que deberías atreverte a preguntarte:

¿Realmente disciernes o simplemente aprendiste a espiritualizar tus primeras impresiones?

Porque no toda incomodidad es una advertencia del Espíritu. No toda sospecha es discernimiento. No toda percepción es verdad.


Samuel lo aprendió cuando vio a Eliab y pensó que él era el escogido. Su mirada encontró lo que parecía evidente, pero Dios tuvo que corregirlo: «El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16:7).


Porque puedes conocer la Biblia y aun así interpretar mal a una persona. Puedes tener experiencia, años de iglesia y hasta responsabilidades ministeriales, y seguir confundiendo lo que ves con lo que Dios está mostrando.


Una herida puede enseñarte a desconfiar. Una mala experiencia puede convertir una excepción en una regla. Una preferencia puede vestirse de convicción. Y cuando todo eso pasa, se deja de examinar lo que percibimos porque ya encontramos una explicación que nos resulta cómoda.


El prejuicio necesita tener razón. El discernimiento necesita tener verdad.


Por eso el discernimiento bíblico no debería hacerte más rápido para señalar, sino más cuidadoso para concluir. No te da licencia para atribuir intenciones que Dios no te reveló. Tampoco convierte cada incomodidad en una alerta espiritual.


Pablo dice: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21). Examinar significa que incluso aquello que crees percibir debe pasar por la verdad. Significa aceptar que tu primera impresión puede estar equivocada y que Dios también puede estar corrigiendo la manera en que estás mirando.

Porque quizá el problema no sea que te falte discernimiento. Quizá has aprendido a usar la palabra discernimiento para no tener que admitir que juzgas demasiado rápido.


Y aquí surge una pregunta que nadie puede responder por ti:

¿estás discerniendo lo que Dios te muestra o simplemente buscando a Dios para confirmar lo que yo ya decidiste creer?


Porque si tu discernimiento siempre confirma tus sospechas, nunca necesita ser corregido y siempre termina dejándote por encima de los demás, tal vez no estás defendiendo la verdad. Tal vez estás defendiendo tu propia percepción.

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